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Chulapos, limonada y otras curiosidades de las tradiciones madrileñas

Chulapos, limonada y otras curiosidades de las tradiciones madrileñas

El día 15 celebramos la festividad de San Isidro, patrón de Madrid para homenajear a este santo altísimo (¡casi dos metros medía!) que conocemos por ser marido de Santa María de la Cabeza y por sus numerosos milagros. Chulapas y chulapos se mezclarán con el gentío que cada año abarrota la Pradera que lleva el nombre del santo. Pero, ¿sabemos qué es un chulapo? Si quieres conocerlo todo sobre las tradiciones madrileñas, sigue leyendo.

CHULAPOS, MANOLOS Y MAJOS

En el Madrid castizo de finales del siglo XIX y principios del XX, los habitantes de las clases populares eran fáciles de identificar por su vestimenta, con la que intentaban diferenciarse de la alta sociedad afrancesada. Los chulapos eran los vecinos de Malasaña, entonces barrio de Las Maravillas, rayanos en la golfería. Las mujeres de la zona -chulapas- eran en su mayoría modistillas, floristas, cigarreras, lavanderas y otras alegres trabajadoras de no muy alta condición social. Los chulapos eran también llamados “chisperos”, porque muchos trabajaban en las numerosas herrerías del barrio, en alusión a las chispas que produce la forja. Se distinguían todos, según la RAE, “por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse”, lo que quedó reflejado en las zarzuelas de Chapí, Chueca y Moreno Torroba, entre otros. Las chulapas vestían blusa blanca con mangas de farol, falda o vestido de lunares hasta los pies con delantal, pañuelo en la cabeza coronado por dos claveles en lo alto, moño y mantón de Manila. Los chulapos, por su parte, llevaban chaleco o chaqueta corta, pantalones oscuros, gorra negra o con cuadritos blanquinegros, pañuelo blanco al cuello y clavel en la solapa.

En el barrio de Lavapiés, sin embargo, tradicionalmente habitado por numerosos judíos, a los de este mismo perfil social se los conocía como “manolos”, pues muchos de ellos adoptaban el nombre de Manuel al convertirse al cristianismo.

Tanto chulapos como manolos eran también denominados “chulos” o “majos” por su guapura y desparpajo.

Todos estos términos han llegado como sinónimos hasta nuestros días -excepto el de majos o majas, que se dejan como referencia a los cuadros de Goya y a los personajes que aparecen en las zarzuelas- y su forma de vestir se considera hoy el traje típico madrileño para las ferias locales como San Isidro, San Antonio (el 13 de junio) o La Paloma (el 15 de agosto).

LOS CLAVELES DE LAS CHULAPAS

Desde sus inicios, las chulapas lucen dos claveles sobre la cabeza, protegidos por su blanco pañuelo anudado bajo la barbilla. Pero lo que pocos saben es el significado de sus colores: la mujer casada los lleva rojos; la soltera, blancos; la comprometida, uno rojo y otro blanco. Sólo las viudas llevan tres: dos rojos y uno blanco.

DE GOYA AL TRAJE DE LOS TOREROS

Goya, tanto en sus cuadros más famosos (La maja vestida) como en sus cartones para la Real Fábrica de Tapices y en los grabados de la serie Tauromaquia presenta a personajes con el pelo recogido con una redecilla y una peculiar vestimenta: corpiño ajustado, generoso escote, mangas de farol y amplia falda con mandil para las mujeres; y chaquetilla, pañuelo al cuello, calzón hasta debajo de la rodilla y medias para los hombres. Esta indumentaria es conocida como “goyesca” y su versión masculina fue evolucionando hasta el actual traje de luces. Actualmente el traje tradicional se puede ver en las corridas goyescas que se celebran en Madrid y otras localidades.

CHOTIS, ¿MADRILEÑO O ALEMÁN?

La palabra chotis procede de “schottisch”, que, en alemán, quiere decir “escocés”. Parece ser que el origen del baile fue una polca alemana que se bailó por primera vez en el Palacio Real el 3 de noviembre de 1850. Los madrileños la adoptaron y le dieron aire castizo, convirtiéndola en su baile popular. Se baila sin mover los pies del espacio teórico que ocupa una baldosa y es la mujer la que guía al hombre, al contrario de lo que sucede en la mayoría de las danzas, haciéndolo girar sobre su propio eje.

No fue hasta 1890 que se empezó a bailar acompañado del organillo, instrumento de origen italiano que introdujo en España el reparador de órganos y pianos Luis Apruzzese.

OJITO CON LA “LIMONÁ”, QUE EMBORRACHA…

Para remojar los platos típicos de San Isidro, ya sean de casquería (entresijos y gallinejas) o las dulces rosquillas tontas o listas, nada hay mejor que la tradicional limonada, “limoná” para los castizos. Pero ojo, que nada tiene que ver con esa inofensiva agua de limón con la que los niños estadounidenses recaudan sus primeros dólares: en Madrid y toda Castilla, lleva alcohol. Se hace con vino blanco, limón, agua, azúcar y canela, así que, incluso enmascarada con sus habituales trocitos de manzana y limón,  se te puede subir a la cabeza.

EL ARGOT: CALCOS, PIÑOS Y OTROS “PALABROS”

El estereotipo del chulapo, además de la vestimenta, se caracteriza por su actitud chulesca y un particular vocabulario. Deberías “chanar” (saber) que, para estos “mendas” (individuos), lo bueno es “chipén”, los dientes, “piños”, la nariz, “napia”, la novia es su “ja”, hombres y mujeres son “chorvos” y “chorvas” y así con cientos de palabras que te costará entender si vienes de fuera.

Para guiarte, te diremos que el traje de chulapo consta de parpusa (gorra), safo (pañuelo) al cuello, mañosa o chupa (chaqueta), gabriel (chaleco), babosa (camisa), alares (pantalones) y calcos (zapatos). Fetén; o sea, verdad de la buena.

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